Tartuflanghe: trufas y productos típicos de la Langhe
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CALENDARIO

Tartuflanghe de feria

Anuga

Anuga
Köln (DE)
October 5th-9th

Fancy Food Summer

Fancy Food Summer
New York
30th of June - 2nd of July

TUTTOFOOD

TUTTOFOOD
Milano
May, 19th-22th 2013

Sial China

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Shangai
7th - 9th of May 2013

IFE

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London
17th-20th March @ our importer

CULINARIA

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Rome
16th-18th March 2013

Taste

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Florence
9th-11th March 2013

The white truffle

Breve historia de la Trufa

La trufa es un fruto de la tierra conocida desde tiempos antiguos. Las primeras referencias escritas remontan al 1600-1700 a.C., a los tiempos de los sumerios y del patriarca Jacob.

Los antiguos sumerios usaban la trufa mezclándola con otros vegetales como orzo, garbanzos, lentejas y mostaza, mientras que los antiguos atenienses la adoraban hasta el punto de otorgar la ciudadanía a los hijos de Cherippo, por haber inventado una nueva receta.

Plutarco osó con una afirmación bastante original de que el "tubérculo" nacía como combinación entre el agua, el calor y los rayos. Teorías similares, compartidas o denegadas por parte de Plinio, Marcial, Juvenal y Galeno, tuvieron como único resultado el de provocar largas disputas.

Muy probablemente el "tuber terrae" de la antigüedad no se parecía a la tan perfumada trufa que hoy conocemos, sino que era más similar a la "terfezia Leanis" (Terfezia Arenisca) o a especies similares. Estas últimas abundaban en aquella época más que en la actualidad, en zonas como África Septentrional y Asia Occidental, alcanzando un peso de hasta tres-cuatro kilogramos, lo que hace todavía más comprensible el hecho de que fueran muy apreciadas (al punto de darles el nombre de “alimento de los dioses”), visto que en esta época no se conocían todavía los tubérculos de origen americana como la patata y el tupinambo.

El Tuber magnatum Pico no fue usado como ingrediente en las finas recetas romanas, a pesar de que Roma tuvo como emperador un ciudadano de Alba, Publio Elvio Pertinaz. Las trufas que deleitaron los paladares de los patricios romanos sólo eran ordinarias en cuestión de calidad, porque, por cuánto concernía el precio, este era bastante salado. El escritor Apicio en su "De Rey Coquinaria" publicó seis recetas a base de trufa en el VII libro, que dedicó a los manjares más caros.

Mientras tanto, se multiplicaron los estudios sobre la trufa. Plinio el viejo, lo llamo “callo de la tierra”, mientras Giovenale se enamoro hasta el punto de afirmar que “era mejor que faltara el grano que las trufas”.

La trufa se ausento durante toda la Edad Media de los comedores del hombre y era simplemente comida de lobos, zorros, tejones, cerdos, jabalíes y ratones. El Renacimiento despertó el gusto por la buena mesa y la trufa se puso en marcha para conquistar el primer puesto entre los manjares más finos. La trufa negra apareció en los comedores de los señores franceses entre el siglo XIV y el siglo XV, mientras que en Italia por aquel período se estaba ya afirmando la trufa blanca.

En el' 700, la trufa piamontesa era considerada en todas las Cortes europeas una exquisitez.

La búsqueda y recolección de la trufa era toda una diversión palaciega, a las cuales eran invitados los huéspedes y los embajadores extranjeros que visitaban Turín.

Es entonces muy probable que de aquí nazca la costumbre de utilizar para la búsqueda de la trufa un animal noble y elegante como el perro, en lugar del cerdo, que se usaba sobre todo en Francia.

Entre finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, los soberanos italianos Vittorio Amadeo II y Carlo Emanuele III se deleitaron en la organización de batidas de familias reales de búsqueda y recolección de trufas. Un episodio curioso concierne una expedición trufera del 1751 y organizada por Carlo Emanuele III en la Casa Real de Inglaterra, durante la cual se encontraron muchas trufas, pero de valor extremadamente inferior respecto a las trufas piamontesas.

El Conde Camillo Benso de Cavour, a lo largo de su vida política, uso la trufa como medio diplomático, el compositor Gioacchino Rossini la definió "El Mozart de las setas", mientras Lord Byron la dejaba sobre su escritorio porque su perfume le ayudaba a despertar su creatividad y Alexandre Dumas la definió como el Sancta Santorum de la mesa.

En el 1780 se publico en Milán el primer libro dedicado a la trufa blanca de Alba, bautizada con el nombre de Tuber magnatum Pico (Magnatum – es decir de los "magnates", para personas adineradas, mientras Pico viene del piamontés Vittorio Pico, que fue el primer estudioso que se ocupó de su clasificación).

El Doctor Carlo Vittadini, naturalista del jardín botánico de Pavía, publicó en Milán en el 1831 la "Monografía Tuberacearum", la primera obra que estableció las bases del estudio botánico de las trufas (en italiano idnologia) clasificando 51 especies distintas.

El estudio de las setas hipogeas fue posteriormente profundizado por investigadores italianos y actualmente es en Italia y más precisamente en la región del Piamonte, donde se encuentran los mejores centros de estudio.

 

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